La Boca, su barrio por elección, todavía no sufre las consecuencias. Desde un viejo conventillo, un hombre con todas las letras, a despegado. La luna roja del domingo, como una cósmica transfusión se llevó su sangre para que la noche se transforme en arte y nos acurruque. Quisiera ser ese personaje de Historieta, en donde el sueño termina cuando el chico finalmente se cae de la cama. Que la mañana me encuentre tirado en el piso de la habitación ,despertando de un sueño y que un tren viejo ,con todos los colores. Me pase a buscar. El expreso Imaginario no se rinde, estará dando vueltas por toda la eternidad con el mismo terco y único maquinista, mi amigo Jorge Pistochi.
El domingo por la noche murió Jorge Pistochi, creador de las emblemáticas revistas Expreso Imaginario, Pan Caliente y Mordisco ,todas publicaciones que en la década del 70 ,se atrevieron a todo y contra todo .La figura de Jorge alcanzo su punto máximo con la exposición de la nueva corriente humanista y ecológica que la revista revindico. Con la pluma de excelentes periodistas y. escritores (Pipo Lernaud, Miguel Grinsberg entre otros) despertó y activo miles de neuronas en chicos de 15 a 30 años. La idea de un arte liberador, que como un huracán, atropellase todo lo que se establecía como la norma a seguir, fue solo una de las características de su creación. El concepto de humanidad universal acariciaba un pacifismo bien definido y determinado a marcar diferencias con un mundo violento y estructurado en el poder, .El rol político era animarse a ser libres, a pensar, a crear, ya sea música, escultura o ensayos filosóficos donde el limite era solo el cansancio de escribir sin parar.El expreso contenía en sus páginas las semillas de lo nuevo, de lo improvisado, del coraje, del riesgo a cualquier cosa. Ya en plena dictadura paso desapercibido por la nefasta maquinaria represora, arrogándose entonces un valor tan mítico entre la resistencia juvenil como lo fue el rock, Pistochi fue un visionario, mecenas de muchos tipos de la época como el propio Luis A. Spineta para quien compro los primeros instrumentos y dio lugar en su casa para que viva. Estuvo contra la guerra de Malvinas, organizo una comunidad de alimentos orgánicos a la que llamo Centro Cósmico La Paternal, instrumento la recuperación de la primera fábrica en maños de los obreros, ANMAT en Monte Grande. Creía fielmente en la expansión del espíritu, en el desarrollo de una sociedad totalmente libre de cuerpo y mente. Jamás vendió su alma al diablo, jamás continuo algún proyecto que a su entender transaba con el sistema comercial. Dejo su revista cuando vio que el rock perdía su fuerza: “Comenzaron a decir y cantar lo que la gente quería escuchar, eran un producto más del sistema, me aburrían, había cambiado su discurso por plata” eran sus palabras. Jorge Pistochi siempre intento, trabajó para darle un lugar a los invisibles: “ con salvar a uno de estos pibes de la calle, todo valdrá la pena, sino que estamos haciendo para modificar la realidad”. El mundo como tal era una debacle, la solo idea que se construyan armas nucleares era la tarjeta de presentación de la locura colectiva disfrazada de progreso, de nacionalismo, de muerte. No le temía a nada, creía tan fielmente en la inmortalidad del espíritu, se sabía un pasajero del expreso de la vida. Jamás dio por terminada su lucha .ni aquella que sus pulmones dejaban escapar en cada palabra.
Conocí a Jorge Pistochi un verano, luego que Danilo,
un amigo con el que que vivía (y lo cuidaba) me llamo .Era la respuesta a un
viejo pedido mío de participar en cualquier aventura que tuviera a Jorge
nuevamente al frente. Llegue a las 18 y pase por un patio gigantesco lleno de bananeros y plantas. En
una mesa estaba El. Nos dimos la mano y como buen admirador le dije que conocía
todo su trabajo. Esto pareció no importarle en absoluto o por lo menos no lo impacto.
Sentado me pregunto si leía el Expreso, aclaré que sí, que lo recordaba como
algo que me había incomodado fuertemente en mi adolescencia. En su contratapa tenía
una historieta llamada Litlle Nemo, llena de diseños barrocos bien recargados. Sus historias eran los
sueños de un pequeño llamado Nemo que
viajaba con su pijama en cama, por el espacio .Se topaba con personajes
todos muy circenses, en aventuras muy oníricas que carecían de una lógica lineal.
Jorge sonrió entonces y me dijo “Te gustaban los dibujos, no? esa fue idea
mía”. Trajeron una botella de vino y como no soy un buen bebedor lo degustamos
lentamente de a dos. Qué es el rock para vos?, fue la siguiente pregunta .Allí
comencé un análisis sociológico de la sociedad media norteamericana de los años
50, su voz finita y estridente me interrumpió : NO NO NO, nada de clase media,
el rock viene de lo trabajadores!! .
Hablaba de las experiencias anteriores a
nuestra vida, de los problemas ambientales, de cómo hacer para no aniquilar el
mundo y así de rebote no aniquilarnos nosotros mismos. Capitalismo y marxismo
eran dos caras de la misma moneda, la destrucción del planeta, de la sociedad,
esa que el soñaba alimentándose sanamente y explorando todos lo terrenos
posibles.
La Boca, su barrio por elección, todavía no sufre las consecuencias. Desde un viejo conventillo, un hombre con todas las letras, a despegado. La luna roja del domingo, como una cósmica transfusión se llevó su sangre para que la noche se transforme en arte y nos acurruque. Quisiera ser ese personaje de Historieta, en donde el sueño termina cuando el chico finalmente se cae de la cama. Que la mañana me encuentre tirado en el piso de la habitación ,despertando de un sueño y que un tren viejo ,con todos los colores. Me pase a buscar. El expreso Imaginario no se rinde, estará dando vueltas por toda la eternidad con el mismo terco y único maquinista, mi amigo Jorge Pistochi.

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