El Túnel
Solo es una mañana,, en ella el ritual a veces terrorífico de levantarse se agiganta cuando el baño está ocupado y de pie frente a esa puerta que no se abre, solo podemos sentirnos derrotados. Aquella vez, la puerta se abrió y comencé mi rutina, nada nuevo que relatar, nada nuevo que el espejo no me hubiera mostrado ya cien veces. La calle a esa hora ya no es silenciosa, la parada del colectivo menos, gente casi mascullando alguna maldición, se acomoda para simplemente esperar. Ese día no había nadie, ni en la parada, ni en la calle, ni en el quiosco. Mire mi reloj, y eran las 7 como todos los días, el sol ya estaba allí arriba, omnipotente y pretencioso. No pensé nada raro, será la casualidad. Imagine un viaje sentado y cómodo. El colectivo era el número 17, tenía un color azul metálico o mejor dicho un celeste (aquí no se si agregar lo de metálico) y venia generalmente en tandas de a 5 o 6 minutos Repleto de una fauna tan heterogénea como violenta .Empujones y apretadas eran la melodía dulce del trayecto acompañadas con alguna frenada brusca del conductor, que como melones, nos acomodaba en el carro. Finalmente a lo lejos apareció uno .Era de otro color, tenía en verdad tres .De la base a las ventanillas era rojo, de allí al techo amarillo y el techo propiamente dicho era naranja .Obviamente no era el 17 y yo estaba decidido a no tomarlo, pero él se detuvo solo. Abrió la puerta y su conductor me saludo con un:” Buen día, amigo”. Era un tanto regordete, tenía el pelo engominado y increíblemente estaba fumando un habano. Se sonreía exageradamente y me dijo:” Suba, suba que lo llevo!” , este no es el que yo espero”, respondí un tanto confundido.” Amigo es este o se queda allí todo el día, no habrá otro que lo rescate”, fue lo que recibí de respuesta .Algo de su sonrisa y de su atuendo, como de fiesta, me dio cierta tranquilidad. Subí, me senté en el primer asiento. Vi sus pantalones anchos con bota mangas, eran de color verde claro y no hacían juego con nada. Arrancó y subió el volumen de la radio, una música irreconocible me aturdía e impedía se escucharan mis preguntas. Ya estaba allí y vivir algo, aunque efímero (eso creía) y distinto a lo diario me subyugo .El chofer manejaba como un principiante, a los saltos, tenía un colectivo viejo con ´palanca al piso de costado, con una bola azul en la punta. Había allí dentro flecos de colores de adornos y los asientos estaban tapizados de lo que fuera, algunos con telas, otros con cueros, siempre en diseños diferentes y colores también diferentes. Ya a solo unos metros, vi que la avenida desembocaba en un Túnel que jamás había visto, me levante del asiento , con algo de miedo, a preguntar dónde estábamos, cuando el hombre del toscano que conducía acelero y me grito: “agárrese, amigo que allí vamos! “.Allí’ vamos, a donde”? dónde estaba la calle y porque el chofer engominado estaba tan feliz, un rapto no era ,no había dramatismo ,solo ese túnel enorme que nos devoro en segundos ,mientras mi compañero de viaje lanzaba una carcajada nerviosa y yo ,bueno, yo me agarraba de donde podía y suponía que todo era un sueño ,El túnel finalmente derivó en un valle ,verdaderamente mucho más lindo que la avenida Mitre. El verde era de diferentes tonalidades, a los costados el ruido de un río que corría fue lo que hizo que el chofer engominado apagara la radio.” Que le parece, esto no es mejor que un viaje al centro”, fue lo único que dijo. Yo miraba por la ventana y cuando pensé en descender para echar un vistazo, en el horizonte vi venir a una especie de Cangrejo gigante que caminaba bien de costado y se chocaba a cada paso con pequeñas elevaciones. Todo es un sueño decidí y comencé mis esfuerzos personales para despertar, una profunda certeza que no estaba allí seria disparador de la verdaderas imágenes de la avenida y mi cara contra la ventanilla, durmiendo y soñando. El cangrejo no venía solo, había por lo menos unos 20 más y se acercaban chocándose y golpeándose Mi compañero de ruta, bajó a mi lado y con total tranquilidad, mirando ese horizonte macabro, dijo:” Si nos agarran estamos jodidos!!” “Dalee arranca el colectivo entonces, nos van a matar”; solo pude agregar mientras lo empujaba.” Imposible, su boleto termina aquí, un paso más y cambia la sección, contesto mientras se acomodaba un pantalón que le quedaba grande por donde se lo mire. ” y increíblemente se iba. Sácame de acá!!Ni no volvió, subí entonces al colectivo, me senté en su lugar y arranque .El micro tenía la dirección igual a la de los cangrejos que me corrían, tiraba para un lado y luego para otro, mientras yo miraba el espejo retrovisor. Allí vi a mi chofer engominado convertirse en una especie de pájaro y levantar el vuelo. Volaba sobre mí, y veía como de su pico, todavía salía humo del habano. Frené y dije muy fuertemente:” Esto no es real, quiero despertarme yaaaaa!!!”
Así fue, estaba acostado en mi cama cuando el reloj sonó a las 6 en punto, el baño libre, la ducha que me volvía a la vida, mi ropa de trabajo y sin tomar nada por la demora, baje, tome las llaves de mi colectivo 17, ese que todas la mañanas manejo por la avenida y salí a hacer mi recorrido. Afuera, casi que no había nadie, el sol estaba omnipotente en el cielo, no me extraño, solo quería recuperar mi tiempo perdido. Por dos o tres paradas nadie me paro, recién en la cuarta había una persona, me detuve, sin que lo pidiera, era como si yo tuviese ganas de decirle que suba. Estaba vestido con pantalones verdes muy anchos y tenía en su boca un habano. Su rostro estaba tan prolijo como su pelo engominado, subió los escalones y me dijo:” Hasta el túnel por favor.”
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